INDIGNADOS: la voz de los ciudadanos



"Especuláis con nuestras vidas" rezaba una pancarta desplegada ante la torre del BCE en Fráncfort, el 15 de octubre de 2011.
AFP

Los movimientos de indignados que proliferan en todo el mundo representan una nueva vía de participación política. Esta forma no organizada exige a las instituciones como los partidos políticos o los sindicatos un diálogo permanente que pone en entredicho su autoridad.

A primera vista, se trataba de una manifestación como cualquier otra, una marcha de protesta clásica en la vía pública. El sábado 15 octubre, en todo el mundo, la gente respondió a la llamada de los “indignados”, que invitaban a la población a tomar las calles. En Fráncfort, varios miles de ciudadanos se reunieron y caminaron hacia el barrio financiero, hasta el edificio del Banco Central Europeo (BCE). La marcha comenzó y acabó con las declaraciones habituales. Pero el interés de esta jornada era otro.

Lo que se gestaba en Internet se manifestó en la calle. Se vieron muchas parejas, en particular gente de cierta edad. Si los partidos políticos estaban poco representados, los sindicatos estaban directamente ausentes. Eran pocos los grupos de más de cinco personas. Esta manifestación agrupaba a personas que habían optado por salir de una sociedad anónima para acceder a una comunidad integrada por desconocidos.

Sus motivaciones parecían diversas. Un persona de edad avanzada comentaba su temor a la guerra. Un grupo de jóvenes se negaba rotundamente a quitarse las máscaras inspiradas en el personaje de V de Vendetta. En las filas de manifestantes, se encontraba tanto gente de broma como ciudadanos que cumplían seriamente una misión. Resulta difícil determinar el perfil y las reivindicaciones de los indignados. Pero esta pregunta quizás no es la que más importe. Hay otras dos que sin duda tienen más peso: ¿cómo ha surgido esta forma de protesta? ¿Y cómo puede aprovechar la sociedad su potencial?

En este movimiento, la protesta en la vía pública ya no es un medio para apoyar la lucha de un sindicato o de un partido político. Son los ciudadanos mismos los que se representan.La protesta se dirige contra las instituciones, pero ellos tienen buen cuidado para no institucionalizarse.Cada uno toma la iniciativa individual de manifestarse y, con este acto de protesta, entra en una comunidad.

El presidente estadounidense Barack Obama, que siempre reaccionó a las reivindicaciones políticas de los ciudadanos planteando la misma pregunta, "Where is the movement?" [¿Dónde está el movimiento?], se enfrenta hoy a una corriente que no reúne reivindicaciones comunes. El proceso tradicional de protesta se ha invertido.Este diagnóstico,realizado hace quince días por el catedrático de periodismo estadounidense Jeff Jarvis a propósito del movimiento neoyorquino, también se puede aplicar a Alemania: en este caso nos encontramos ante una "revolución mediante hashtag". La expresión es una hipérbole, porque el movimiento no es una revolución. Aunque muestre una mutación estructural interesante.

Un debate continuo
El hashtag [palabra o frase que comienza por “#”], utilizado en las redes sociales para clasificar por temas las noticias y los comentarios, se ha convertido en un eficaz modo de coordinar la comunicación y debilita otra lógica centralizadora hasta ahora en vigor: la autoridad del autor. Se discuten cuestiones de fondo, o mejor aún: se asocia cada vez con más frecuencia al ciudadano, allí donde aparece el hashtag correspondiente, sin depender de los medios de comunicación dominantes.

De momento, la función del hashtag en el debate público parece aún limitado. Pero la innovación suscita interés en Alemania, sobre todo entre los partidos oficiales. Los programas políticos, desprovistos desde hace tiempo de sentido, actualizados en función de los plazos electorales e ideados para que sean válidos a medio plazo, deberían perder la poca credibilidad que les queda. En su lugar surgen nuevas formas de comunicación entre la política y la opinión, basadas en el debate continuo.

Llevando el análisis un poco más lejos, podría decirse que el movimiento de los indignados no es una revuelta como las que suelen verse, sino el rostro de una nueva forma de implicación política. Si bien esta participación ciudadana se orienta aún hacia formas de acción conocidas, se basa en mecanismos totalmente nuevos. Representa ya un potencial de movilización considerable. Y se distingue sobre todo por un aspecto: triunfa ante el desencanto que se siente con respecto a la política.

http://www.presseurop.eu//es/content/article/1070311-la-voz-de-los-ciudadanos